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miércoles, marzo 10, 2010

Mi reseña de lo último que ha llegado de Murakami a Chile:

Murakami vs. Murakami



Advertencia: dentro de El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas -lo último de Haruki Murakami traducido al español- hay dos historias que, a su vez, ejemplifican dos vertientes del escritor japonés. La primera: la de un lector de sueños sin sombra y que vive en una legendaria ciudad donde hay bestias gigantes. O sea, una historia mágica y tan pero tan onírica que llega a dar sueño. La segunda: la de un informático que se ve inmerso entre dos organizaciones secretas tipo Matrix y que, al mismo tiempo, nos narra su solitaria vida luego de separarse, en medio de un Japón futurista. O sea, una vertiente pop, moderna y ágil. A la espera de que se traduzca 1Q84 (el esperado último libro del autor nipón), El fin del mundo... es la prueba de que Murakami tiene dos caminos a la hora de ponerse a escribir. Y que más le vale tomar el segundo.

(Publicado acá)

martes, marzo 09, 2010

Mellado en extenso



Cosas que pasan: debido al terremoto, la prensa en Chile tuvo poca vida. Leer las revistas y suplementos del pasado fin de semana, tuvo un tufo a fiambre peridístico. Hay casos que se salvaron; Wikén y la Qué pasa, por ejemplo, tuvieron al menos un día de vida. Pero ni hablar del ejemplos como El Sábado o Artes y Letras que nacieron muertas y fue como ver una prensa ucrónica o algo por estilo. Como sea: para esa edición que salió el día del terremoto de la Qué pasa, entrevisté a Marcelo Mellado a propósito de su notable libro de relatos Armas arrojadizas. Y, como siempre, Mellado disparó con el tino al cual nos ha acostumbrado. Acá todo in bruto:



¿Qué te parece Luciano Cruz-Coke como ministro de cultura?

No te sabría responder porque es el mundo de los otros, de ese otro país que casi desconozco (exagerando un poco, claro). Pero si me exigieras una respuesta t diría que lo encuentro un cuico (disculpar el mote discriminatorio, pero no se puede evitar) que no conoce los complejos códigos del arte y la cultura chilena. Aunque, ¿será tan necesario estar al tanto?


Y con Joaquín Lavín en educación, ¿qué va a pasar con esos personajes, como el de "Vocación docente" o el de "Innovación curricular"?, ¿tendrían un cambio en su actitud?

Lavín se metió o lo metieron en un área que probablemente sea su tumba definitiva como político. Él es un nerd que tampoco conoce los códigos de esa podredumbre. Y esos personajes a los que aludes representarían las consecuencias oblicuas de una zona que se la quiere objetivar con pautas neoliberales, pero cuyos componentes de subjetividad la hacen funcionar con múltiples sistemas paralelos. No se puede seguir con el sentido común educativo que habla de una “buena” o “mala” educación, el asunto es reconocer pluralidades diversas y dispersas que pueden ser funcionales o no (es para mí un tema apasionante, pero habría que dedicarse especialmente a él en una larga sesión).


¿Crees que, con el nuevo orden que se viene, los escritores se van a volver más políticos o comprometidos?

Los escritores van a seguir fracasando, ese es su negocio. Hay mucho histérico(a) que pone el grito en el cielo porque la derecha…, cuando hace harto rato que gobiernan, gracias a sus colegas de la concerta. Los escritores que le tributan al sentido común de izquierda (que son hartos, quizás la mayoría, entre los que estoy obligado a formar parte) podrían sentirse tentados a rentar de una cierta nostalgia persecutoria y de victimas, y opten por el negocio anarquista o se amapuchen. La histeria resistencial da para mucho. Los marxistas genuinos, en cambio, sin ese componente cristianillo de nuestro sector, seguiremos creando el país B o C o Z, que se mueve por otras pautas, diversas, ya sea en la araucanía, en el norte y en el sur, y muy lejos de las academias universitarias y otras análogas.


Dentro de lo mismo, ¿cuáles son las mejores armas que uno puede tener si es que se quiere hacer frente a los cuatro años que se vienen?

Algo ya respondimos en la anterior, pero habría que insistir en que hay que inventar el país Otro. Ese para mí es un proyecto que tiene una pata en la ficción y otra en la acción política (su derivación). Tácticamente no es un mal momento para los que estamos en pegas de diseño y confección de redes, porque el cerderío concertacionista no puede conspirar contra nosotros, porque están de desalojo, en ese intertanto no te puedes imaginar lo que hemos logrado acá en San Antonio, no te puedo adelantar nada porque sería entregarle información al enemigo. Los funcionarios de la derecha y sus operadores no han asumido aún y estamos aprovechando el vacío; y ese supuesto no manejo de las redes que el otro enemigo administraba, los tendrá ciegos por un rato largo. Parte de nuestro negocio estaría en esa ceguera. No te puedo decir más, porque estamos en plena elaboración de políticas (de la ficción).


¿Qué, crees, va a pasar con los poetas porteños y toda es agente que vivía de fondos estatales?

Tendrán que rehacer el negocio y relacionarse más con el departamento de turismo, con el Conace y la Conama, por lo pronto creo que optarán por ciertas políticas de la mendicación cultural (agrupación de poetas mendicantes), pero también pueden jugar a la histeria resistencial y/o coquetear con la derecha. No se puede negar que son un encanto, siempre lo han sido.


Muchos artistas, de izquierda, cree que puede ser un buen momento para irse del país por un tiempo. Así como lo que le dice el narrador de "No iré a Madrid" a esos que se van, ¿qué les dirías a esos que creen ver, en la próxima coyuntura, una oportunidad de "escaparse del país"?

Ese es un negocio que no se puede obviar, aunque el horror está instalado en todos lados. A mí, si te soy sincero, me encantaría irme por seis meses (o tres) y volver con regalos para los amigos; estar un rato y volverme a ir, a tejer otras redes. Me cuesta lidiar con mi fobia y la neura, el viaje funcionaría como una terapia. Llevo mucho rato en el mismo barrio, aunque me encanta Llo-Lleo.


Por último: ¿en qué estás trabajando?, ¿cuentos nuevos o una novela?

Estoy trabajando en una novela a la que recién le tomé asunto o, más bien, una novela a la que le acabo de descubrir los tonos y el punto de vista. Se llamaría La Batalla de Placilla, y no va a ser para nada una novela histórica, incluso podría ser una no novela histórica. Y También acabo de empezar otra, paralela, que hago para contrarrestar el tedio de la primera; se titularía San Antony Town, una basura por entrega interneteana, trataría de una especie de conspiración mormona y otras conspiraciones, en zonas bien locales.



(La edición final de esta entrevista, publicada en revista Qué pasa, se puede leer acá).


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