Death stars
De un centro cultural me pidieron que recomendara algún libro chileno.
Y esto salió:
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De un centro cultural me pidieron que recomendara algún libro chileno.
Y esto salió:
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Etiquetas: José Donoso, Álvaro Bisama
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Literatura estadounidense:
a dos
bandos
Y ya lo sabemos: aún no hemos leído Freedom pero es una novela que ha dado, da y dará mucho que hablar de acá en adelante. Y una de esas tantas cosas, es el siguiente ¿ensayo? del gran Eduardo Lagos sobre las dos vertientes que -codo a codo, cabeza a cabeza- se dan en la literatura estadounidense. Eso. A leerlo.
Eduardo Lago
Quien, sin lugar a dudas, ha llegado más lejos en la vía del desafío a las limitaciones del código realista es Thomas Pynchon. Pynchon culmina una trayectoria que incluye a escritores de la talla de William Gaddis, a quien Franzen apodó, admirativamente, como Mr. Difficult, en un espléndido ensayo publicado en The New Yorker. Pero en su homenaje al maestro, Franzen vuelve sobre la idea de que el realismo ha sido indebidamente abandonado. Hay que recuperar lo mucho que tiene de valioso y adaptarlo a nuestro tiempo. Para ello se tiene que alejar también de Pynchon y sus compañeros de viaje, David Foster Wallace entre ellos.
Pynchon y Gaddis son para mí las puntas de lanza de un grupo de escritores que, pese a la heterogeneidad de sus creaciones, cultivan una forma de narrar que cabría integrar en algo que he dado en llamar "escuela de la dificultad". Hace algo más de un año hablé de este singular grupo en una conferencia a la que puse por título El arco iris de la dificultad, en homenaje a la obra maestra de Thomas Pynchon, El arco iris de la gravedad (1973). Considero que el trabajo realizado por la numerosa estirpe de narradores norteamericanos que constituyen esta escuela, abiertamente anticomercial y deliberadamente difícil, es el más importante de nuestro tiempo. Sus autores son primos hermanos (mejor sería decir sobrinos-nietos, o biznietos), del gran Maestro de la Cofradía de la Dificultad, el insuperado autor de Finnegans Wake. Se trata de una escuela cuyo programa constituye un ataque frontal a las premisas del realismo. En un cuento resultante de la conferencia, que titulé Speak Easy, unos gángsters torturan a un autor acusándole de escribir novelas realistas, detalle que saco a colación a fin de subrayar que personalmente no comulgo con el código estético del realismo.
Empleando una expresión de la que se solía servir Bolaño, las fronteras que delimitan la realidad son porosas. Lo mismo cabe decir de las maneras de representarla. ¿Dónde ubicar a un autor tan radicalmente novedoso como Cormac McCarthy? Autor de obras maestras absolutas, como Meridiano de sangre o Suttree (su mejor novela), en lo que escribe no hay ninguna violación del código realista.
Sí lo hay, y a patadas, en lo que hace Pynchon. Echen un vistazo a su obra más reciente, la voluminosa A contraluz (Tusquets). Magistral manera de rematar una trayectoria implacable. Con Pynchon entramos en el ojo del huracán de la literatura norteamericana actual. A su nombre hay muchos que añadir. El volcán en erupción incluye (sin ánimo de ser exhaustivo y a riesgo de olvidar a alguien de calibre) a gente tan innovadora como William Vollmann, Gilbert Sorrentino, Robert Coover, William Gass, John Barth, Stanley Elkin, Donald Barthelme, John Hawkes, Denis Johnson, David Markson, Robert Stone, Richard Powers, Barry Hannah, y Joseph McElroy (nada que ver con James).
Todos ellos son autores arriesgados y experimentales (algunos en grado extremo) y como tales, los que más me interesan, punto que aclaro a propósito de mi encuentro con el último libro de Franzen.
El texto llegó a mí en medio de un período de intensa lectura. En cuestión de diez días leí, además de Mis rincones oscuros, Doctor Pasavento y Freedom. El contraste entre Ellroy y Vila-Matas no puede ser más violento. Salvando las distancias, pertinentes, la actitud de Vila-Matas hacia el realismo no estaría demasiado alejada de la que sostiene Piglia, a quien aludo reiteradamente tan sólo porque González Rodríguez cifra en él una actitud crítica hacia el realismo y sus servidumbres. De manera a todas luces distinta, Piglia y Vila-Matas coinciden en su cuestionamiento del caduco modelo realista.
Tras la lectura consecutiva de Vila-Matas y Ellroy, cayó en mis manos, por encargo, la de Freedom. Me sumergí plenamente en el texto. Cuando cerré el libro no me quedó más remedio que quitarme el sombrero ante la proeza del americano. Afirmar que Jonathan Franzen se ha ganado el derecho a figurar en un club del que forman parte autores de la talla de Melville o Scott Fitzgerald es una manera de decir que Freedom, y el veredicto no es mío, sino de la crítica especializada de su país, es acreedora al título de Gran Novela Americana, categoría rara vez otorgada en Estados Unidos. Sergio González explica perfectamente este matiz en su blog. En mi artículo no sostengo que Franzen esté a la altura de Hawthorne, pongamos por caso, aunque si escribiera un par de obras que superaran el logro que supone Freedom al lector no le quedará más remedio que arrodillarse, como decía Bolaño que había que hacer con Egar Allan Poe. Pero no teman. De momento, Franzen no ha llegado a una altura semejante, y está por ver que alguna vez lo haga. Lo que sí ha logrado es un efecto que cabe tildar de tolstoiano, o dickensiano, o galdosiano, al haber sido capaz de provocar en el lector una respuesta emotiva de gran calado gracias a la profundidad del retrato que hace de sus personajes y del entorno social en que se mueven. En Freedom se traslada a la página una representación de la realidad contemporánea semejante a la que lleva a cabo cualquiera de los campeones del realismo tradicional, Dickens, por ejemplo. El nivel de complejidad de la operación no es menor.
a la/s 11:27 p.m. 1 comentarios
Etiquetas: David Foster Wallace, Jonathan Franzen, Thomas Pynchon
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Etiquetas: John Irving
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