Mi cuerpo es una celda
Por Antonio Díaz Oliva
A veces sucede: en cierto período de tiempo uno lee varios libros y encuentra muchas cosas en común. Así, ya sea en Formas de volver a casa de Alejandro Zambra (quien tiene un cameo en este libro) o El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia de Patricio Pron o en Tiempo de vida del español Marcos Giralt Torrente (quien, no por nada, presentó este libro en la pasada FIL de Guadalajara) se repiten algunas cosas: un diálogo de re-encuentro con los padres y la ficcionalización de la infancia y/o la pubertad. El último libro en entrar a esa ¿sub-categoría? es El cuerpo en que nací de la mexicana Guadalupe Nettel, en donde el personaje principal repasa varios sucesos como los que siguen: su infancia en México, la juventud en Francia, los alocados años 70, la historia de su padre que termina en la cárcel, los cuantiosos chilenos exiliados en México, su afición por el fútbol y la relación con su abuela conservadora, entre otras cosas. Y si bien a ratos se menciona a una tal doctora Sazlavski -quien vendría a ser la terapeuta de la narradora-, y tanto en el inicio como en otras páginas la protagonista habla de un defecto de nacimiento que tiene en un ojo (algo que efectivamente padece Nettel), la sensación que rodea al libro podría resumirse con la siguiente frase: “Pienso que a mi madre no le guardo rencor, pero sí reconozco un sentimiento de amargura por todo lo que pudo haber sido nuestra relación y no es ni será nunca, a pesar de los buenos momentos que pasamos cada tanto, a pesar de la complicidad que nos une en muchas ocasiones”.
Editorial Anagrama, $16.070
Versión editada y publicada en revista Qué Pasa: acá.



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