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martes, mayo 24, 2011

James Frey: "Esa etapa de mi vida fue un desorden en que cometí varios errores"


La semana pasada, lo sabrán los seguidores del show de Oprah (?), James Frey estuvo no una si no dos veces en aquel programa. Aprovechando eso y que sacó un libro -sorpresa- polémico, le hice una entrevista. En su momento, debo decirlo, En mil pedazos me produjo un efecto raro.

Ahora, al volver a leerlo, no sé si me gusta tanto. Posiblemente, es por la urgencia del momento, de haberlo leído en ese entonces. Eso, claro, no hace que Frey sea un mal escritor: Una mañana radiante, su primera novela-novela, es mucho mejor de lo que me esperaba. Y en cuanto a su nuevo libro en que hace que Jesús se convierta en un drogadicto en la actualidad, me parece un what if interesante. Sólo eso. En fin: acá va la entrevista:

El último polemista

Farsante, controvertido, intenso. Hay muchas formas para denominar al estadounidense James Frey, autor de En mil pedazos. Ahora, acaba de lanzar un libro donde Jesús es un barbón hipster que se pasea por Times Square. "Siempre me he preguntado qué sucedería si el Mesías se presentara entre nosotros", dice.

Por: Antonio Díaz Oliva

Sucedió una vez más. En una entrevista emitida el lunes y martes recién pasados, James Frey (41), el autor de las polémicas memorias En mil pedazos, volvió a disculparse frente a Oprah Winfrey. Nuevamente, se arrepintió de haber hecho creer a sus lectores que la historia narrada en En mil pedazos era totalmente verídica, además de comentar The Final Testament of the Holy Bible, su último trabajo, con Jesús como protagonista, que lo tiene mediáticamente de vuelta. Fue el último capítulo de una polémica que se remonta al 2003, año en que apareció un libro que empezó vendiendo bien gracias a un progresivo boca a boca de los lectores. Aquí, Frey contaba su historia: la de un joven de 23 que terminaba, luego de muchos años drogándose y cometiendo crímenes, en un centro de rehabilitación. De todos quienes leyeron aquel libro, alguien terminó siendo clave: Oprah Winfrey.

En 2005, casi dos años luego de su lanzamiento, la famosa animadora no sólo pasó toda la noche leyendo esas memorias: invitó a Frey a una edición de su show que, justamente, se llamó "El libro que mantuvo a Oprah despierta toda la noche". Eso disparó las ventas. Frey, en pocos días, se convirtió en un fenómeno mediático. Le escribía gente que estaba en centros de rehabilitación para contarle lo mucho que su libro los había inspirado y ayudado, y rápidamente se volvió una figura de culto. Automáticamente se puso a trabajar en una secuela de esas memorias: My friend Leonard, donde Frey cuenta su vida al salir de rehabilitación. Luego de años sumido en un infierno de drogas y alcohol, parecía -por fin- encontrar algo de equilibrio. Y no sólo eso: su libro estaba ayudando a gente que pasaba por la misma situación.

Un año después de su explosión mediática, The Smoking Gun, un sitio web estadounidense de periodismo de investigación, descubrió que Frey había exagerado ciertas partes de En mil pedazos. Escenas en las que Frey cuenta que pasó tres meses en la cárcel, cuando en verdad estuvo apenas algunas horas retenido. O la parte en que un dentista tiene que sacarle los dientes (podridos a causa de la heroína y el crack) y la dolorosa intervención sucede sin ningún tipo de anestesia. Ante esas acusaciones, Oprah quiso aclarar las cosas. Invitó a Frey otra vez al show para dejar en claro todo. Y fue ahí, en vivo, para todo el país, cuando el escritor confesó que había exagerado ciertas partes. Oprah, por supuesto, se enfureció: lo acusó de ser un mentiroso frente a millones de espectadores. Los hechos, a continuación, se sucedieron rápidamente: tanto el agente literario de Frey como su editorial lo dejaron. Él, a su vez, se refugió en París por unos meses. No se supo mucho de su paradero. Simplemente, desapareció.

El resto del artículo, this way.

lunes, mayo 23, 2011

El mal de Roth


Hace unos días se anunció que Philip Roth ganó el Man Booker International. Y, claro, algo de polémica hubo. Escribí una columna en Qué Pasa al respecto: este premio, más que nada, sirve como breve recordatorio de que alguna vez Roth fue un provocador literario. Ah, y Némesis me pareció una novelaza.



"Se repite y se repite sobre los mismos temas en cada uno de sus libros. Leerlo es como si estuviera sentado encima de tu cara sin dejarte respirar". Las palabras son de Carmen Callil, uno de los jurados del Man Booker International Prize, el prestigioso premio británico que se entrega cada dos años a reconocidos escritores internacionales por la totalidad de su obra. Por primera vez desde su creación, la noticia no fue quién ganó, sino que una persona del jurado se opusiera -y de manera furibunda- a que un escritor del calibre de Philip Roth lo recibiera. La decisión de Callil de invalidarse en la votación, tomada dos días antes de saber que el novelista de origen judío estaba en la final, es lo que tomó la atención de los medios de comunicación en las horas posteriores, al conocerse el fallo.

En tiempos en que todos pedimos que le den el Premio Nobel, hallarse con un detractor de Philip Roth es casi como regresar al pasado. De cierta manera, parece un fugaz déjà vu a la época en que Roth no congregaba opiniones a su favor sino que las dividía. Para entender eso, claro, hay que volver a 1969, el año en que publicó El mal de Portnoy, la novela que lo puso en el mapa de la intelectualidad estadounidense (se convirtió en uno de los títulos de cabecera de Woody Allen) y que provocó un alboroto en la comunidad judía neoyorquina. La misma obra que fue censurada en Australia por sus escenas de masturbación explícita y que la revista New Yorker celebró como "uno de los libros más sucios publicados a la fecha".

En parte, lo que dice Callil no es tan errado: a primeras, cada libro nuevo de Roth parece tratar de lo mismo. Los temas se repiten (judaísmo, la familia, el sexo, el fantasma del Holocausto, inmigración y últimamente la muerte), pero la habilidad de un escritor, a veces, es justamente eso: escribir el mismo libro, pero que a ojos de los lectores parezca uno distinto.

Rick Gekoski -otro de los jurados del Man Booker International- puso las cosas en su lugar: "Cuando tenía más de 50 ó 60 años, cuando la mayoría de los novelistas entran en el declive, escribió una serie de novelas de la mayor calidad". Es cierto: de alguna manera, la carrera de Philip Roth ha tenido algo de "Benjamin Button": mientras más años cumple, sus novelas alcanzan un nivel insuperable (Pastoral americana, Me casé con un comunista, La conjura contra América). Junto a eso, su fama de agitador, que creó en los 60 y 70, lentamente se esfumó: esa imagen del joven judío que publicaba relatos en la entonces chic Playboy y que escandalizaba al escribir sobre profesores universitarios que no dudaban en llevar a la cama a sus alumnas más aventajadas. Por eso, el hecho de que un jurado de un premio importante lo haya despreciado de la manera en que lo hizo Callil ("En 20 años, ¿alguien lo leerá?"), no es más que un recordatorio de que Roth alguna vez fue un efectivo provocateur y que hoy, con 78 años, se convirtió en un efectivo novelista.

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